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En Creta, solicitantes de asilo buscan alimentos, diversión y amistad a través de la pesca

Historias

En Creta, solicitantes de asilo buscan alimentos, diversión y amistad a través de la pesca

Una pasión común por la pesca se convirtió en amistad y les ha ofrecido momentos de tranquilidad a estos solicitantes de asilo.
29 Marzo 2018 Disponible también en:
Walid (izquierda) e Ismain pescan juntos en el puerto de Heraclión, Creta.

No es un buen día para pescar. Es un duro golpe para Ismain y Walid, quienes contaban tener algo de proteína para la cena. Los dos son de diferentes países, religiones y contextos, pero su pasión compartida por la pesca se ha convertido en una amistad y les ofreció algo de tranquilidad en el exilio forzado.


El cielo está nublado y el mar agitado, pero ellos perseveran. Ambos no tienen mucho que hacer en el pueblo cretense de Heraclión. "Cocinamos el pescado y lo comemos o se lo damos a amigos. El pescado es muy caro aquí", dice Ismain, de 50 años y originario de Damasco, donde era director de fotografía y artista.

Walid, de 37 años, dice que pescaba ocasionalmente en los ríos iraquíes, un tipo de pesca que requiere técnicas diferentes que en el mar. "Aquí, comencé a pescar para conseguir alimento, un pasatiempo y por compañía", explica Walid, arrojando su línea bajo la sombra de la fortaleza veneciana que protege la entrada del antiguo puerto de Heraclión.

"Cocinamos el pescado y lo comemos o se lo damos a amigos."

Ambos hombres son beneficiarios del programa de ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, que brinda alojamiento y asistencia financiera y que ha ayudado a miles de refugiados y solicitantes de asilo vulnerables en Grecia en los últimos dos años. "Las personas son muy hospitalarios y amables", dice Ismain.

Ismain y su familia huyeron de Siria el año pasado. Llegaron a Grecia tras 13 intentos fallidos de cruzar desde Turquía debido al mal tiempo o la presencia policial. "Sentí que nuestras vidas estaban amenazadas (en Siria) y decidí que era mejor partir", explica Ismain, padre de tres niños. "Luego de siete años de guerra, la situación se volvió gradualmente peligrosa para todos".

Por su parte, Walid, un professor de física, enfrentó una amenaza más inminente a su seguridad en Bagdad. "Soy cristiano y fui amenazado por la milicia", explica, añadiendo que fue atacado y herido por hombres que portaban armas y cuchillos. Huyó a Erbil y de allí a Turquía y Grecia, antes de ser transferido por ACNUR desde Lesbos a Heraclión.

Los dos hombres enfrentan diferentes futuros. Mientras Ismain espera reunirse pronto con su familia en Alemania, Walid ha esperado por meses por novedades sobre su solicitud de asilo en Grecia. "Tuve la entrevista (por el asilo) hace ocho meses y aún no sé nada", explica. "Lo más importante es terminar mis estudios y completar mi maestría en física".

Aparte de la frustración de la espera, ambos hombres están felices y se sienten seguros en sus apartamentos, pero quieren ocupar su tiempo con algo. "No me gusta que la gente me dé dinero o pague por mí. Me gustaría ser independiente", dice Ismain.

Ismain vio a los pescadores salir en pequeños botes y volver con una buena pesca, por lo que decidió probar. Compró equipo usado y probó su suerte puerto afuera, observando a los demás como guía.

Un día reconoció a uno de los pescadores. Era Walid, quien había estado en el mismo centro de acogida que Ismain antes de que fueran trasladados a Creta. Se llevaron bien enseguida. "Somos amigos, mejores amigos", dice Ismain.

"Me gustaría ser independiente."

Walid dice que comenzó a pescar por razones similares a las de su amigo. Le gustaría hacerlo para ganarse la vida, pero confiesa "no tengo un bote".

Ismain ya está pensando en su próximo traslado a Kiel, en Alemania, pero aprecia la solidaridad de Walid y sus otros amigos pescadores. "La pesca es muy importante porque es un extra para nuestra cena y podemos ahorrar dinero", dice de manera pragmática, refiriéndose al apoyo financiero que su familia recibe de ACNUR cada mes bajo el programa ESTIA, financiado por la Unión Europea.

"Allá (en Siria) solo escuchábamos los gritos y las bombas. Cuando vemos el mar, nos sentimos en calma", añade Ismain. En Kiel, espera usar sus años de experiencia como artista y camarógrafo para mantener a su familia.

"Pinto todos los días", continúa. "Dibujo caricaturas políticas pero también paisajes. En Alemania, me gustaría continuar pintando y convertirme en profesor de arte".

Tal vez también retome la pesca, después de todo, Kiel se ubica a orillas del mar Báltico.

Por Leo Dobbs

Gracias a la Voluntaria en Línea Patricia Ávila por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.