La bienvenida de Ecuador para los refugiados es ejemplar, dice el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

Con sólidas políticas de recepción e integración, Ecuador es un ejemplo para el mundo.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, jugando fútbol con un grupo de niños refugiados colombianos en un centro cultural y recreativo de Quito, Ecuador.  © ACNUR/Santiago Escobar-Jaramillo

QUITO, Ecuador – Durante su primera visita a Ecuador como Alto Comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi exalto el enfoque innovador adoptado por la nación andina que permite a miles de colombianos que huyen de décadas de conflicto en su hogar reconstruir sus vidas y comenzar de nuevo aquí.

Ecuador acoge alrededor de 60,000 refugiados (95 por ciento colombianos) y unos 200,000 colombianos más que han huido de la violencia y décadas de guerra civil que ha quitado la vida al menos a 220.000.

Destacando una nueva era de esperanza para la paz en Colombia, el Alto Comisionado ha resaltado la importante contribución que los refugiados pueden hacer al desarrollo del país que les ha otorgado el asilo.

Como dijo Yenny, una mujer de 21 años madre de dos niños que dejó Colombia hace un año "Queremos quedarnos en Ecuador. Tenemos mucho que ofrecer a este país que nos ha dado la bienvenida".

"Tenemos mucho que ofrecer a este país que nos ha dado la bienvenida."

En este contexto donde muchos refugiados elegirían quedarse en Ecuador, ofrecer soluciones a los refugiados sigue siendo esencial. Con el fin de ofrecer una respuesta integral a sus necesidades, ACNUR está trabajando con las autoridades ecuatorianas y sus socios humanitarios para ayudar a los desplazados a reconstruir sus vidas y ser autosuficientes en Ecuador.

El año pasado, la Agencia de la ONU para los Refugiados junto a sus socios lanzaron un innovador programa para la reducción de la pobreza, el Modelo de Graduación. Destinado a apoyar a las familias más vulnerables para encontrar medios de vida sostenibles y dignos, el programa espera apoyar a 7.500 familias para salir de la pobreza en el 2016.

El programa está diseñado para beneficiar tanto a los refugiados como a las familias ecuatorianas, en línea con los objetivos de reducción de la pobreza del Gobierno, y es clave para la integración de los desplazados forzosamente en sus comunidades de acogida.

En un contexto internacional en el cual el desplazamiento forzoso ha provocado reacciones fuertes, adversas en algunos países, Grandi declaró que Ecuador ha marcado un ejemplo a seguir para el mundo entero.

"Ecuador puede ser un referente global de acogida y búsqueda de soluciones para los refugiados ."

"Desde ACNUR, creemos que Ecuador puede ser un referente global de acogida y búsqueda de soluciones para los refugiados ", dijo. " Estamos comprometidos a trabajar mano a mano con el país para fortalecer este proceso".

Grandi reconoció que la próxima Ley de Movilidad Humana, que se debatirá en la Asamblea Nacional, es una nueva oportunidad para que el Ecuador esté a la vanguardia en términos de protección de los refugiados.

"Las personas no quieren ser refugiados para siempre, por lo que tenemos que apostar por construir sus habilidades y capacidades de modo que las soluciones sostenibles sean posibles para ellos. La ley de Movilidad Humana puede ser una herramienta poderosa para cambiar la vida de los refugiados y otras personas en movimiento", dijo Grandi.

"Esperamos que esta ley sea aprobada pronto. Será además un paso importante para asegurar que refugiados y solicitantes de asilo accedan a una documentación adecuada y a los derechos", agregó.

María del Mar es una refugiada de 22 años madre de un niño de tres años, que estudia medicina gracias a una beca en Quito. Dijo que Ecuador es donde quiere estar. "Aquí en Ecuador he aprendido a ser independiente, ser autosuficiente y a mantener a mi familia".

Grandi está de visita en Ecuador como parte de una misión de una semana en América Latina. Es su primera visita a la región desde que fue nombrado Alto Comisionado en enero.

Por Sonia Aguilar